Creado en Martes, 03 Abril 2012 23:13

Después de no haber cobrado desde el pasado mes de diciembre y haber seguido acudiendo cada día a su puesto de trabajo, los empleados de El Día de Albacete se encontraron este lunes con un “premio” por parte del propietario de este periódico: una carta en la que les anunciaban que se ha iniciado un ERE y que desde ese mismo día ya no tienen que ir a trabajar. La redacción, que la empresa abrió en la céntrica calle San Agustín en tiempos de bonanza económica y contratos millonarios de publicidad por parte de la Junta de Comunidades –gobernada entonces por el PSOE- estaba siendo este lunes desmantelada. Tras varios años de contrato con la empresa, los trabajadores se enteraron este fin de semana de que a partir de hoy el periódico cambiaba. Y no se lo tienen que agradecer a su jefe, se enteraron por la carta que éste envió a otros medios de comunicación anunciando que los diversos El Día de todas las provincias se aunaban en una cabecera conjunta “El Día de Castilla-La Mancha”, que saldría a los quioscos desde este martes, de martes a domingo, mientras que el lunes sería una edición eminentemente deportiva. La indignación de los trabajadores, todos ellos excelentes profesionales, es lógica, viendo las largas horas de trabajo –festivos incluidos- que han dedicado a una empresa que no les ha pagado en lo económico pero tampoco ha tenido ni el detalle de avanzarles lo que iba a ser de su futuro laboral.
Los despidos se han repetido en otras cabeceras de la región. Concretamente, el grupo de comunicación El Día ha presentado un expediente de regulación de empleo de extinción de contratos que afecta a los trabajadores de El Día de Albacete, de Guadalajara y de Toledo, y de momento no afecta a la sede central de Cuenca. En el caso de El Día de Toledo, el ERE plantea el despido de catorce de los diecinueve empleados que tiene en estos momentos en su plantilla, mientras que no se mantiene ningún empleo en Albacete y Guadalajara. En Ciudad Real, El Día cerró nada más perder el PSOE las elecciones del 22-M.
Pero no acaba aquí la desfachatez del empresario propietario de este medio, tan a fin al PSOE en los tiempos de Bono y Barreda, que ayer despedía a muchos de sus trabajadores tras cuatro meses sin cobrar y sin una mínima explicación y hoy publicaba en su medio que ahora llega “el único regional” como un logro, sin mostrar un mínimo de respeto a quienes se han dejado muchas horas de trabajo y muchos momentos personales en sus redacciones o tirados en las calles en busca de la noticia.
Dice en su editorial Santiago Mateo Sahuquillo, el propietario de El Día, que en su empresa llevan “veintiocho años contando unas veces más al gusto de unos que de otros lo que acontecía en cada provincia”. Querrá decir que llevan prácticamente los años en que el PSOE gobernó esta tierra contando lo que a ese partido le interesaba que se contara. Que puede ser lícito –no ético- pero que no venga ahora a colgarse medallas que no le corresponden.
Tiene la desfachatez de decir que “han sido cerca de dos mil los profesionales que durante estas casi tres décadas han hecho posible la aventura, desde aquellos inicios inciertos de la prensa escrita privada en Cuenca; pasando por los que más tarde se fueron incorporando a las plantillas de El Día de Toledo, Tele-Cuenca, El Día de Guadalajara, El Día de Albacete, El Día de Ciudad Real, Economía y Empresas, y en tantos y tantos otros proyectos que fueron conformando una plataforma multimedia regional que ha llegado a lo más alto del periodismo castellanomanchego”. Y esto lo firmaba en su web el mismo día en que decenas de periodistas y redactores gráficos se iban a la calle porque él había decidido acogerse a una reforma laboral aprobada por el PP para despedirles por la mínima.
Por cierto, que vende como uno de sus argumentos que la Junta le debe más de 3 millones de euros en concepto de publicidad. No nos extraña que el Gobierno de Cospedal priorice otros pagos, lo que es vergonzoso es que una grupo mediático recibiera esa suma en concepto de publicidad institucional. Cabe confiar que la Junta reparta ahora con mejor criterio la publicidad institucional que, desde luego, no podrá alcanzar las cifras a las que otros estaban acostumbrados.
Y por si fuera poco, en su artículo, el editor se jacta de que tenía periodistas que se maquetaban las páginas y poco menos que dice que era la envidia de la prensa nacional. A eso más bien se le llama ahorrar trabajo y poner a los empleados a hacer tareas que no son o no deberían serle propias.
Desde aquí enviamos un fuerte abrazo a los compañeros despedidos y lamentamos que haya empresas que han estado facturando millonadas en publicidad a la Junta de Comunidades y ahora que las cosas no están tan bien acaben despidiendo así a sus trabajadores. Cuando la economía era buena y se podían recalificar terrenos para proyectos que no han llegado ni a despegar sí estaban allí, pero ahora que se trata de defender puestos de trabajo ¿Dónde están?