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Carcelén se prepara para su noche más especial

La localidad de Carcelén, en la provincia de Albacete, ha comenzado la cuenta atrás para disfrutar la noche más esperada del año para los carceleneros y todas aquellas personas  que, de un modo u otro, se encuentran vinculadas al pueblo.

Como novedad, este año, Carcelén recibirá a sus visitantes con la escultura que rinde homenaje a los corredores y corredoras  de “Los Montones”, a la entrada del pueblo. Dos siluetas que se recortan en el horizonte y miran a la Piedra del Mediodía.

La noche del 23 de agosto, a las 23 horas, como si de un conjuro se tratara, Peña Blanca se ilumina con tres enormes hogueras y lo hace frente a Peña Negra, en cuya ladera se descuelga este pequeño pueblo de la Manchuela. Tres montones de leña que, desde tiempo inmemorial y con un origen, probablemente pagano, se encienden en lo alto del monte para dar comienzo a las fiestas  en honor al Santo Cristo de las Eras y de la Misericordia.  A partir de ese momento, los corredores y corredoras, portando luz y fuego, se abren camino en la noche cerrada y, tras pasar por la Piedra del Mediodía, reloj solar natural, inician el descenso monte abajo hasta llegar a la Pilarica, donde se enciende la  penúltima hoguera. Da así comienzo una carrera frenética y en la que las personas más jóvenes, se lanzan campo  a través, desafiando los elementos.  Sólo unos minutos son suficientes para que las y los jóvenes lleguen al pueblo y, tras recorrer el último tramo pasando entre antorchas a un lado y otro del paseo, donde la multitud les aclama, a los pies de la Ermita  del Santo Cristo de las Eras (Siglos XVI-XVII). Y solo el primero en llegar, tiene el honor de prender el último montón de leña…

La muchedumbre saca al Cristo a hombros de una forma reverencial para que, en su presencia, se distinga a los ganadores de la Carrera de las Antorchas.

El hombre y la mujer más rápidos reciben sus trofeos: El Portador y La Portadora de Fuego. Dos esculturas, propiedad del pueblo, que  los ganadores  tiene la suerte de recibir, para –si son de Carcelén- poderlas acoger durante todo un año en su casa. Sus nombres son grabados en las peanas que las soportan, quedando así sus nombres unidos a la Historia de Carcelén para siempre.

Tras un castillo de fuegos artificiales, todo el pueblo  inicia una romería con el Santo Cristo a hombros, pasando a los pies del Castillo del Conde de Casal (Siglo XIV), hasta llegar a la Iglesia de San Andrés (Siglo XVIII), donde el Cristo permanecerá hasta el día 26 de agosto. Fecha en la que, también en romería, es trasladado de nuevo a la ermita para permanecer allí el resto del año; celosamente guardado bajo un velo y que sólo se descubre durante las novenas de mayo.

Siguen verbenas, Feria de Artesanía, comidas populares, eventos deportivos, lúdicos, ecuestres…. Hasta el día 27, en que se celebra el tradicional Somarro, donde el Ayuntamiento, como fin de fiesta, ofrece a todos los asistentes patatas asadas en lumbres. Esta jornada es aprovechada por todos para pintarse la cara con el tizne de las patatas y, sobre todo,  los más jóvenes para remojarse y remojar a todo el que se pone en su camino en el Pilón y la Fuente de los Pimenteros. Cinco días frenéticos que comienzan y terminan con fuego en este pequeño pueblo con una tradición singular: Los Montones y La Carrera de las Antorchas, donde la luz y el fuego se convierten en magia.