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¿Injerencias en las Primarias Socialistas?

Ahora que está tan de moda insinuar que el gobierno de Vladimir Putin trata de meter las narices en asuntos de otros estados, con la única intención, al parecer, de desestabilizar a la decadente cultura occidental y su modo de vida, utilizando para ello todos los medios que las redes sociales ponen a su alcance, hemos caído en la cuenta que, casi en lo que dura un pestañeo, hemos pasado del término guerra fría, acuñado por Bernard Baruch, consejero del presidente Roosevelt en 1947, a la ciberinteligencia, a la ciberguerra o a la desinformación programada, y todo dentro del más absoluto secreto. Tanto es así que el PSOE ha solicitado la comparecencia en la Comisión de Secretos Oficiales de la vicepresidenta del Gobierno, para que informe sobre las posibles injerencias rusas en el proceso de autodeterminación de Cataluña. Vamos que de lo que allí se hable no se enterará ni el ‘tato’, que para eso han elevado dicha información a la categoría de secreto oficial. Claro, que siempre habrá alguien que saque la lengua a pasear y deje caer algún jugoso comentario, así como el que no quiere la cosa. Tiempo al tiempo.

Y ya puestos a discurrir y toda vez que la literatura, como cualquier arte, aspira a modificar la realidad, me pregunto, en tono de fábula, qué interés puede tener un medio de comunicación en participar activamente en un proceso interno de un partido político. Pudiera llegar a entender tanto interés, si estuviéramos hablando de cualquier otro proceso electoral abierto a la ciudadanía en general, porque dependiendo del partido que ganase las elecciones, quizás, y solo desde el terreno de las hipótesis y de las suposiciones, pudiera obtener un mayor beneficio para sus propios intereses, todos legales, por supuesto, que fabular es una cosa y escribir maldades otra muy distinta.

Pero volviendo al tema que me ocupa, no alcanzo a comprender el interés que está demostrando en todo lo relacionado con los procesos de Primarias en el seno del Partido Socialista el aspirante a Rupert Murdoch local, porque no hay informativo (por llamarlo de alguna forma) que no dispare con bala de cañón a las personas que conforman una de las dos candidaturas en liza, mientras que las loas, las lisonjas y las alabanzas se guardan solo para las personas que participan en la otra candidatura, que ya es casualidad.

No seré yo el que ponga en tela de juicio ni la libertad de expresión, ni la autonomía de cada medio para propagar lo que dicte su línea editorial, aunque ésta se reduzca a someter a escarnio público a aquellos a los que apunte el editor. Lo de la verdad, la veracidad o el rigor periodístico lo dejamos para la Facultad de Ciencias de la Información, porque el Rupert Murdoch que decidió levantar su particular versión del Xanadú de Ciudadano Kane a la vista de todos, es más de calumniar e injuriar a aquellos que le incomodan, sin obviar el autobombo personal y amplias dosis de espacios publicitarios para promocionar los productos y servicios de la Corporación que sufraga y paga la fiesta. 

Pero oye, que cada uno invierte su dinero en lo que quiere, que para eso es suyo, y mientras unas personas, los prohombres, donan parte de sus beneficios para mejorar y renovar equipos sanitarios, otros, los pobres hombres, se compran, a modo de juguete, medios de comunicación para utilizarlos como arma arrojadiza contra los que se atrevieron, en su día, a negarles un trato de favor preferencial, solo por el mérito de ser vos quien sois, que ya es ser rencoso, ya.

Y que coste en acta que mis tribulaciones se centran exclusivamente en tratar de comprender la actitud del pudiente ricachón, no en censurar a aquellas personas que están resultando agraciadas por sus editoriales, porque como dice el refrán popular “Como no soy río, me vuelvo cuando quiero” y lo que hoy son loas, lisonjas y alabanzas, mañana pueden ser diatribas, sátiras o invectivas, que hay gentes que piensan que eso de ser consecuente está sobrevalorado y debe cotizar a la baja.

Conforme voy repasando los párrafos anteriores, y como soy de la opinión de que las casualidades no existen, voy cayendo en la cuenta, de que a quien así actúa, solo le mueve el interés desmedido por la venganza de quien se cree superior a los demás, por el simple hecho de tener una cuenta corriente nada corriente, no dudando en arremeter, y no dejar títere con cabeza, entre aquellos contra los que pretende desquitarse de sus imaginarias afrentas y, en consecuencia, ensalzar en demasía y sin disimulo alguno, a quien él supone que sitúa enfrente, sean estos quienes sean, eso es lo de menos, para quien así piensa sólo son peones intercambiables que juegan a favor de sus propios intereses.

Y dado que estoy fabulando y no hay fábula que se precie que no cuente con su preceptiva moraleja, ahí va un consejo de amigo y, además gratis: si yo estuviera en el pellejo de aquellos a los que el pobre hombre tilda de peones en sus conversaciones privadas consigo mismo, cortaría por lo sano los hilos invisibles que me sujetan a él, y dejaría el papel de marioneta para quien guste de medrar sin complejos, que a buen seguro no es ninguna de las personas con las me cruzo y saludo a diario en la puerta de Pedro Coca.

Al igual que me gustaría que el Alba inaugure el casillero de victorias obtenidas lejos del Carlos Belmonte el próximo sábado, también es mi deseo que los personajes que enaltecen a unos, denostando a otros con desinformación programada, interesada y malintencionada, solo sean merecedores de la repulsa de aquellos y el desdeño de estos, porque de todos es sabido que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. De hacerlo así, todos dormiríamos mejor. Bueno, todos no, habrá uno que no lo hará, pero ¿A quién le importa?